Ya está aquí un año más la fiesta que conmemora la venida al mundo del niño pobre. Tan pobre, que tuvo que nacer en un establo con los animales porque, por no tener, ni siguiera tenía cama. Es lo que nos han venido contando. Claro que, en más de dos mil años desde el acontecimiento, ha llovido mucho. Empezando por la fecha, parece que los historiadores, científicos, teólogos y demás, no se ponen de acuerdo ya que, según algunos, lo del niño de Belén fue tres meses posterior al nacimiento de su primo Juan el Bautista que tuvo lugar en Junio. Por tanto, según esos datos, el nacimiento de Jesucristo debió ser en el mes de Septiembre, y la fecha del 24 de Diciembre se adoptó por la coincidencia con el solsticio de invierno. Pero en fin, eso no es de gran relevancia.
Lo que importa es como se conmemora. Puede que en otras épocas la efeméride se celebrara con el recogimiento y la sencillez que el acontecimiento significa. Pero en la sociedad actual, lo que queda de la Navidad, o en lo que se ha convertido, es en consumismo, despilfarro, comilonas, borracheras, ¡ah, y divorcios!. Parece ser que la fiesta de amor y paz no le sienta bien al matrimonio .Según datos recientes, una de cada cuatro parejas que se separan a lo largo del año lo hace en estas fechas.
He oído que el personal de guardia en los grandes hospitales, sobre todo el servicio de psiquiatría, viveVolviendo a lo del consumismo, es tan desorbitado que ya se está convirtiendo en algo compulsivo. Cada año con mas antelación, los grandes almacenes y los medios de comunicación, sobre todo la tele, se encargan de calentar el ambiente anticipándonos la subida de precios que, a fuerza de tanto repetirlo, acaba subiendo todo. Hay que apresurarse que va a subir el cordero, los mariscos, el cochinillo, los capones, el caviar a 500, las angulas a 1200, y suma y sigue. Pero no importa, en la noche del 24 todos somos ricos y, no sólo hay que comer muy bien y variado, sino meterse un atracón, pillar de paso una melopea y darle la paliza al estómago y al hígado.
En la ornamentación y simbología tampoco falta de nada: Belenes en miniatura, a tamaño natural, vivientes, árboles de todos los tamaños, y sobre todo luces. Muchas luces de colores en calles y plazas, donde algunos ayuntamientos dan ejemplo de despilfarro de energía .Ejemplo que siguen al pie de la letra infinidad de particulares en fachadas y casas. He visto en mi barrio algunas con tal cantidad de luces rojas que son una auténtica horterada. Y más que adornos de Navidad, parecen el reclamo de clubes de alterneAhora eso sí, aunque a lo largo del año nos hagamos unos a otros todas las putadas que hagan falta y más, en estas fechas somos todos buenísimos y nuestros anhelos de felicidad no tienen límite. Mandamos a mansalva cartas, postales, llamadas telefónicas, mail, etc. Ahora parece que lo que más priva son los mensajes a través del móvil que se cuentan por millones. Eso está bien, y lo de cantar villancicos por supuesto, más vale cantar que llorar. Pero ¿no sería mejor que tales deseos fuesen de verdad todo al año y no sólo para Navidad?
Escuché hace unos días el comentario de un conocido que, si no es más tonto es porque no se entrena. La gente está contenta y alegre por el nacimiento del niño Jesús, vino a decir, y esta alegría es la que nos lleva a los excesos. Pero la paz de la Navidad llega a todos, incluso los que están en guerra que en estas fechas hacen una pausa.Bueno, en eso lleva algo de razón, pero no deja de ser un sarcasmo lo de la tregua navideña. Gila que fue un auténtico maestro en contarnos parodias de la guerra con su humor único diría, más o menos: ¿Oiga, está el enemigo?. Que se ponga. ¿Diga? Le llamo para felicitarle la Navidad y desearle paz y felicidad. Tenemos que llevarnos bien durante estos días, porque cuando pasen, ya nos volveremos a matar con más ganas.
Pero la Navidad, como casi todo, también tendrá algo bueno y positivo. Pues claro que sí. Porque aparte del desmadre consumista que eso está garantizado, y que haya incluso quien odia estas fiestas, estoy seguro de que también tiene que haber gente de fe que las vive con el recogimiento y el fervor que la conmemoración representa.Para mi, lo mejor, lo más entrañable, es que con este motivo o con el que sea, se junten las familias y los amigos, tanto si viven cerca, como si tienen que venir incluso de otros países. Nosotros este año, para la cena del día veinticuatro, éramos diecisiete de

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