En lo que a mi concierne, y con todos mis respetos hacia los que les gustan, soy de los que están en contra de ellas. Y lo estoy sencillamente por que creo que la muerte nunca debe formar parte de algo que sea motivo de diversión y fiesta. En una corrida ya se sabe de antemano que ha de haber una muerte segura (la del toro), y otra probable (también a veces el torero deja su vida en la arena). Así ha venido sucediendo en numerosas ocasiones. Como muestra, basta recordar las espeluznantes y sobrecogedoras imágenes que nos brindó la televisión cuando murieron el Yiyo y Paquirri.
Podrá decirse que la muerte es algo natural, y que de ella antes o después, de una u otra forma, nadie se libra; o que la vida es cruel en sí misma, ya que unas especies han de matar y comerse a otras para sobrevivir. Evidentemente esto es así, y poco o nada puede decirse al respecto. Pero otra cosa muy distinta es montar un gran evento popular de fiesta y diversión, en el que entre otras cosas, la sangre y la muerte son sus protagonistas. Salvando las distancias, se asemeja bastante al Circo Romano, donde se organizaban bárbaros y sangrientos espectáculos para entretener y divertir al populacho. Las corridas de toros por mucho que se adornen con desfiles, música, trajes y colorido, que yo en eso no le niego su atractivo, en definitiva se trata de un combate a muerte entre dos seres vivos para deleite del público que ha pagado por elloEl toro es un animal noble al que si no se le hostiga no hace ningún daño En el campo y en espacios abiertos que son su medio natural no se mete con nadie. Pero cuando más tranquilo está, le encierran a la fuerza en un cajón, para después hacerle salir en un recinto cerrado por miles de personas, en donde se ha montado con toda clase de ritos un gran espectáculo, cuya culminación es su muerte después de martirizarle a pinchazos con picas, banderillas, estoques, verduguillos, etc. A veces se han empleado las llamadas “viudas” (banderillas negras con veneno en la punta), para obligar a embestir a un toro manso. Lógicamente, hasta el animal con menos ganas de agredir, por el escozor que debe producirle el veneno, se lanza contra todo cuando ve a su alrededor. Resultan por otra parte chocantes los argumentos que pretenden dar algunos aficionados, y sobre todo los que viven de la “fiesta”; ganaderos, toreros, apoderados, empresarios, etc. Dicen que el toro no siente nada cuando se le hiere, porque es un animal bravo que está peleando. También han llegado a afirmar estas personas que ellos aman mucho a los animales, y por tanto quieren al toro. Nunca mejor el dicho de: “hay amores que matan”.
¿Y que diremos de las “vaquillas” en las fiestas de los pueblos, que según algunos también es parte importante de nuestra Cultura Popular? Aquí si que la crueldad, la barbarie y a veces el sadismo alcanzan sus cotas más altas. Hay variantes para todos los gustos según el lugar donde se celebreRespecto a esto, pediría a las cadenas públicas y privadas que retransmiten corridas de toros por la pequeña pantalla, que cuidaran un poquito el manejo del “zoom” de
Es posible, aunque no fácil, que con el tiempo, las corridas de toros acaben extinguiéndose por sí solas, si se tiene en cuenta, como antes digo, que a la juventud cada vez le interesan menos.
Mientras tanto, deberían empezar por dejar de llamarle “Fiesta Nacional”. Como mucho sería “media Fiesta Nacional”, porque a una gran parte de los españoles no nos gusta esa fiesta.


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