INGRATITUD
De todas las miserias, pestilencias y lacras que puede albergar el ser humano, acaso la más repugnante, nefasta y reprobable sea la ingratitud .Son infinitas las formas que adopta la maldad y sus maneras de manifestarse; envidia, hipocresía, sadismo, venganza, crueldad, injusticia, esclavitud, despotismo, etc. etc. Pero a todas y cada una de ellas podría, aunque lejanamente, encontrarle algún diminuto punto de justificación o comprensión. La injusticia puede conllevar el deseo desorbitado de alcanzar unas metas de poder de otra forma no conseguibles; la crueldad puede tener matices de un sadismo fisiológicamente inevitable; la venganza puede ser el soterrado deseo de imponer por cuenta propia una justicia atropellada.
Con la ingratitud no existe posibilidad de vislumbrar siquiera el más leve atisbo de justificación; es la bofetada a cambio del beso, es el zarpazo a cambio de la caricia, es la risa y la burla a cambio de la ayuda, es la espina a cambio de
Es una brutal agresión a las lúcidas formas de comportamiento y una herida inesperada y gratuita. La mente sufre tal cataclismo interno que duda de su propia naturaleza. Todo lo que tiene un "porqué", por duro que fuere, acaba por aceptarse más o menos y encuentra un clima de adaptación y una manera de continuar. La ingratitud deja la mente en blanco y produce una soledad desconocida de imposible interpretación, la palabra "por qué" se repite hasta el infinito sin que una sola vez hallemos contestación.
Concibo un mundo de traidores y de perversos. Concibo la maldad y concibo vivir en ella, o con ella, o alrededor de ella. Porque también puedo concebir la forma de atajarla o defenderme de ella. Pero la ingratitud es incontestable, imprevisible y detestable.
Y ahora la pregunta obligada: ¿Se da frecuentemente este comportamiento tan aberrante y contrario a la razón? Pues por desgracia me temo que sí, que ha estado y está presente en el ser humano más de lo que imaginamos o sería de desear. Oí decir alguna vez a mi abuelo: Yo me llevo bien con fulanito o menganito, no me puedo llevar mal porque nunca les hice ningún favor. Este terrible razonamiento puede que exagere, pero no debe andar muy desencaminado, si tenemos en cuenta que, gran parte de nuestro acervo cultural, se nutre de ese manantial inagotable de hechos y dichos del pueblo llano, en la mayoría de los casos impregnados de un gran barniz de sabiduría.
Abril 2008

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