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¿Crisis de convivencia?

Enviado por Antonio el 28/10/2007 a las 05:13 PM

(Este artículo lo escribí en agosto de 2007) 

    Violencia de pareja, violencia doméstica, violencia de género. ¡Que más da!. Lo cierto es que, en los tiempos que corren, muchos días -demasiados diría yo-  los medios de información nos dan cuenta puntual de casos de violencia  extrema con resultado de muerte. Hasta tal punto, y eso es lo más triste, que de tanto repetirse, podemos llegar a considerarlo como algo inevitable y cotidiano    ¿Que está pasando, somos cada vez más agresivos y violentos, o es que siempre ha sido así y sólo se enteraba quien estaba cerca?  No como ahora, que cualquier suceso que ocurra en cualquier lugar -y si es desagradable  o  trágico mejor-, nos lo cuentan al minuto de haber ocurrido. 

     Difícil respuesta  pero, el asunto  no es ninguna broma. Hay muchas víctimas que, salvo algunas excepciones, son sobre todo mujeres asesinadas por sus maridos o sus parejas, a tiros, degolladas  y hasta quemadas vivas  En lo que va de año ya van cincuenta y ocho, cincuenta y nueve y..... suma y sigue. ¡Que horror! ¡Que tragedia! ¡Que fuerte!. Se dice que quien comete tal atrocidad está loco, o se encuentra desequilibrado, o tiene conflictos mentales que queda más fino. Pero qué curioso, el agresor nunca falla con la víctima, sin embargo, cuando intenta después suicidarse, algunas veces se queda sólo en eso, en un intento. Claro, es más fácil matar a otro que matarse uno mismo, debe doler bastante menos. Para mí, son auténticos asesinos sin paliativo, y como  tales deben ser juzgados sin ningún tipo de atenuante. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a otro, no digamos si además se trata de la propia pareja. Y lo mas incomprensible y triste son los casos de personas mayores muchas veces protagonistas de la tragedia.

     Digo que son los casos más tristes, porque cuando por la edad ya se ha alcanzado la última etapa del ciclo de vida y se han esfumado la belleza del cuerpo, el vigor físico y, otras muchas cosas, debería semejarse al sol del atardecer. Que si ya no brilla ni calienta con tanta fuerza como a pleno día, lo hace, sin embargo, durante esas horas del crepúsculo con una luz más tenue pero atractiva y bella. Es en esa etapa de la vida, insisto, cuando la pareja necesita más dosis de comprensión, cariño mutuo, apoyo, respeto, tolerancia , etc.  Pues, no señor. Por un quítame allá esas pajas, cualquier tontería o chorrada de la vida cotidiana que no debería tener ninguna importancia se arma la marimorena. Esto lo digo porque es algo que  he observado en parejas de mi entorno, incluso, siendo sincero, en mí mismo. Y es que los seres humanos, sin duda los reyes de la creación entre todas las especies, en algunos aspectos fundamentales de la vida y la convivencia,  somos los más  torpes, retorcidos y tercos  Ahí cuentan con un amplio campo los psicólogos,  psiquiatras, sociólogos y todos cuantos se dedican a estudiar el comportamiento y la mente de las personas. Desde luego no lo tienen nada fácil, porque cada caso será una historia distinta y, para llegar a un desenlace tan trágico pueden haber influido multitud de factores.

     De todos modos, a mi se me ocurre una receta que, mientras alguien no me demuestre lo contrario, podría ser algo así como los cimientos para la convivencia: diálogo dialogo, y diálogo, no me cansaré de repetirlo.  Es una auténtica pena que si la naturaleza nos ha dotado del precioso don de la palabra para comunicarnos, no hagamos en muchos casos el  uso de ella que sería de desear.

     Si algo va mal, o empieza a ir mal, o se cree que existen motivos de reproche hacia la otra persona con la que se convive, hay que hablar, conversar, dialogar, razonar, incluso explicar y exponer con firmeza, si es preciso, las ideas u opiniones sobre aquello que sea motivo de discrepancia     -todos cometemos errores y fallos-. o como reza un dicho popular: Hay que coger el toro por los cuernos. No existe nada peor que el rencor oculto. Ese tirano que se retroalimenta, que corroe por dentro hasta entrar a veces en una peligrosa espiral.  Es como una olla cerrada que se  va cargando de  presión hasta que revienta y, ya tenemos otro caso más para que los medios de comunicación se encarguen de contárnoslo con toda clase de detalles. Sobre todo, los especialistas en alimentar el sensacionalismo morboso, que en realidad son todos en mayor o menor medida.       Cada vez que alguien mata a su pareja es un golpe bajo que recibe la sociedad en su conjunto. Y no puede quedarse cruzada de brazos contemplando como aumentan las frías cifras de esta macabra estadística que, en realidad, es lo único que se hace, es decir, nada, o casi nada Tengo la sensación de que nos ocurre un poco aquello de  mientras no me toque  a mi. ¿Y los políticos? Bueno, los políticos ya se sabe, hablan, hablan  y discuten mucho sobre otros temas, tanto, que ya nos tienen cansados y aburridos. Pero se les oye  muy poco hablar y tratar de ponerse de acuerdo para hincarle el diente entre todos a este feo asunto, a esta lacra. Las órdenes de alejamiento parece que no están sirviendo de mucho .Algo más debería hacerse, porque, como dije antes,  es algo muy serio. Se trata nada menos que de uno de los "terrorismos" que más víctimas se cobra.

 

                                                               

  






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